¿Dónde lo vas a poner, ahora? Eso que tiembla, que se estremece en ti. Este momento. ¿Datos del exterior? Noche, matchbox20, calor, una pijama blanca con estrellas amarillas, monitor brillante, ojos rojos, casa dormida, silencio menos en mis audífonos, noche y más noche. ¿Datos del interior? Garganta adolorida, huesos que se baten contra la sangre, quieren romperse. Pensamientos, pensamientos, como un río de gente que se atraganta entre mis pulmones y mi corazón. El teléfono mudo y negro, el montón de libros abiertos y los poemas asustadizos al borde de páginas que también se callaron de golpe. Te has caído antes, así de alto? ¿Te has reído antes con tanto miedo? Estás seria como nunca, lo percibo. Estás rara y estás segura de lo peor. Nunca quisimos estar seguras. Siempre ese... beneficio de la duda, ese momentico en que uno piensa: pero podría ser que... ¿Adónde vas a escribir que ya no podría ser que...? ¿Que ni siquiera podría ser que...? Que ya no es una posibilidad y que no te quieres morir porque no te da la gana de abandonar el mundo como llegaste, llorando. Efímero, niña, efímero. Pero... Está bien, no objeto nada. Absolutamente nada. Se largan al mar todos los botes, se esfuman hacia el sol todas las aves, se encogen y hacen nieve los capullos, se desquitan del ratón Pérez marchando hacia la madurez todos los niños, con sus maletas ejecutivas tan tristongas hoy en día. Aquí empieza otra vida. No se cuál. Pero ya no hay regreso en el espejo que te ha dicho: no te quieres morir, y no pasarás un día más con apenas media vida.
Pasó lo peor.
Decidirse a escribir eso que tiembla, que se retuerce dentro de tí. Fueron los minutos más oscuros, en los que se hacía viva la sentencia que de ahora en más, haces camino. Haces un sol, una maleta, o un amigo. Haces besos frescos, arroz con papas, gatos peludos. Haces de ti, fuerza y más luz, te vas de la amargura.
Hace 1 semana
