Creo de verdad que estabas ido
mucho antes
de cruzarnos las miradas
borrachos de río y de verdor
tostados bajo el trópico demente
ya no estabas cuando me pusiste un nombre
y así me llamabas
ya no eras cuando entraste suave, como un rayo amado
como sudor de ángel
como roce de viento cálido
en el corazón de mis cuevas tiernas
en el bamboteo de mi frente contra el cielo
en el ir y venir de mis ojos extraviados
al compás de tu espalda
de tus tiempos.
Ya no presenciabas el milagro de mi grito mudo
de mi angustiosa exhalación de polvo
de mi moribundo nacimiento alegre.
Me hiciste
si.
Me diste un dolor tan
tan grande
que sólo un corazón amante lo aguantase
que sólo
siendo manos tejedoras de perdón
no te matase
no te arrancase con lágrimas los dientes.
Sí, me amaste
me amaste como se ama sin pellejo y sin espejo
como se ama cuando se ha perdido el tren
todos los trenes
todos los fines y las promesas
pero no estabas.
Desde mucho antes de ser lo que me quema
eras ausencia.
Hace 1 semana

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Asomados a la orilla