martes, 13 de octubre de 2009

Puedo llegar caminando con mis pies a cualquier parte. Sólo el miedo me aconseja que me quede en esta plaza sentada y sin mirar para los lados. Quizá tengo tantas ganas de escribir que me paralizan las manos y no me dejan mover un dedo si no es para dibujar letras con el lápiz. Mis manos a veces creen en mí... y yo en este momento creo que un viejo se ha detenido a arrancar las flores de la corona que reposa bajo el monumento al Libertador. Señor, ¡las flores del padre de la Patria! ¡las flores de Bolívar, señor! No hay caso. Ni me mira. Las va arrancando una por una, y las guarda en el bolsillo de su chaqueta. Su ropa descolorida y su pelo largo y sucio me dicen cosas como: no tengo dinero para comprar otras, y no importa... En verdad no importa, porque en este país es lo mismo comprar cosas que robarle las flores al Libertador, porque a los cochinos billetes los llamamos Bolívares... yquizá eso sea más ofensivo que lo que hace este viejo que es, a fin de cuentas, robarle a un muerto para una viva, una nietecita viva y linda que viene corriendo a abrazarlo aunque huela un poco a pobre y tengas las barbas en desorden.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Asomados a la orilla

Seguidores

Datos personales

Mi foto
intento: actuar, escribir, no madurar demasiado, leer, amar, reír, no morir de hambre mientras todas las anteriores.
Dentro de las calabazas hay múltiples duendecillos!!