Para mi abuela, al final, siempre era como de noche. O, en un día muy alegre, aparecían fugaces atardeceres. Pero nada de soles brillantes de 9.25 am. Nada de gritos de niños en la cuadra... en su cabeza los niños más bien lloraban. Y es sabido que los niños lloran de noche porque es ahí que los monstruos se dejan ver la cara, la horrible cara, el horrible cuerpo peludo... o la sombra de descomunales narices, o el olor... o el ruido de los pasos.... Todo eso ocurre de noche, y ocurría en la deshilachada vida de mi abuela. Atormentada y hermosa, aunque los médicos insistieron en decirle: loca. Locos ellos.
Me gustó esa noche de tu vida (y también era noche en el mundo real) en que miramos pasar el viento con la cara limpia y nos abrazamos. Me sentí como una bebé de dieciocho años absolutamnete resguardada de los monstruos. ¡Sí, ese día reaparecieron los monstruos pero sólo un ratico porque tu calor los ahuyentó de inmediato! Ese día me dijiste que ya querrías verme en las novelas... pero, ¿sabes lo que me dijiste con esa frase? ¿sabes todo lo que eras en mi vida? ¿lo puedes imaginar? A veces he querido ser escritora y hacerte nacer otra vez para darte otro principio y definitivamente otro fin. Los mismos ojos extraviados y verdes, la misma fragancia a cigarro y café, si quieres ,la misma gordura y el mismo baile hermoso y gracioso cuando se aparecía tu periodista favorito en la television y te hablaba exclusivamente a tí y tú le bailabas... todo eso te lo dejo intacto, pero el llanto no. El llanto de ése día en que creíste que tu hijo era tu nieto y gritabas: ¡No me quiten a mi niño! Cuando yo sea escritora, por y para tí, haré que nadie te quite a ningun niño y que todos mueran por sentarse en tu falda y bailar contigo o porque todos tengan una vez en la vida el maravilloso instante en que me diste calor y espantaste a los fantasmas. Los autobuses que te asustan, y los otros viejos que no te acompañaron en nuestro abandono, o las rejas de las casas que no te dejaban irte volando hacia Dios, o hacia no sabemos dónde... a un sitio mejor que el que te proponíamos... Todo eso lovoy a borrar. Vas a vivir en un campo rodeado de margaritas y vas a dormir en una hamaca con vista al mar, donde todas las mañanas muchas personas vengan a conversar contigo y a agarrarte de la mano para que camines hasta la orilla y te mojes los pies. Y después, yo voy a desayunar en la arena contigo: café y galletas de chocolate, o torta de chocolate, o donas de chocolate. Y así será todos los días y después vendré con mis hijos y ellos se dedicarán a peinarte y a hacerte cosquillas mientras tú les inventas las historias de una guerra española que no conociste... porque no voy a dejar que seas otra vez la niña que corre en busca de refugios y que tiene miedo y que vió como los soldados colocaban frente a frente esposo con esposa, madre con hijo, hermano y hermana, y les daban a ambos un arma y les tocaba matarse... en mi historia nunca verás eso. Y nunca verás cómo tu padre entra de madrugada a tu cuarto y en el peor acto de crueldad te corta el pelo mientras duermes por el simple hecho de odiarte por no ser varón. ¡Cuando nazcas otra vez en un libro mío vas a ser feliz y no te vas a morir sola en una clínica y yo no estaré en otro país llorándote sin poder tomar tus manos y llorar frente a tí y decirte que si te dejamos sola no es porque no te quisimos, sino porque no sabíamos vivirte así, siempre en otro lugar y siempre llamándonos por nombres distintos y aunque nunca vaya a tener perdón de Dios esa casa vacía de tus hijos y nietos donde transcurrieron años fríos de tu vida, yo te abrazaré y te besaré los ojos y las piernas ya frías y te lanzaré al mar donde dormirás tranquila.
Algún día haré la historia de ti pero lo unico que se me ocurre decir esta noche es que haces tanta falta que ya ni me acuerdo cómo era la época en que vivias y tu presencia nos convertía en una familia, nos agrupaba, nos mantenía enraizados a una vida.
Hace 1 semana

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Asomados a la orilla