La voz ronca
las manos agrietadas
va el frío desfilándose la ropa nueva
y ya mugrienta
del verano.
La soledad que se vende espejos llenos
la multitud asistiendo al matadero
por decisión propia
o por desgano.
Nadie sabrá
si fuimos felices los dos
con el cuerpo lleno de flores y olor a maíz
olor a hombres de barro
nadie sabrá
si en nuestro mundo sin televisor existía mundo real
pero
y sin embargo
nosotros nos habremos ya muerto de la risa
y de la simplicidad
de ser felices.
Hace 1 semana

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Asomados a la orilla