Porque no tengo manos
y porque no las usaría
es que nací
para mirar desde lejos los pinceles
y los parques
en el rincón que me destinó la suerte
el reloj detenido ante mi
yo
testigo
yo
universo mínimo
yo
silencio.
Y soledad…
pero fue antes.
(No tenía escaparates llenos de lápices.
No tenía ganas de bailar sin descanso
bajo las letras)
Ahora
se me desbordan
las presencias
de lo irreal
de lo perfecto
ya no soy mujer
ni soy niña.
Tengo manos de mirar
en silencio.
Tengo piernas de saltar
sin pretextos.
Hace 1 semana

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Asomados a la orilla