viernes, 18 de septiembre de 2009

Aaay, gritó. De dónde saldría ese dolorcito, no se sabe. Porque a decir de los presentes, tampoco es que fué: el gran grito. No. Una cosita casi tímida, como cuando un gato escupe una bola de pelos, acostumbradísimo. A lo mejor era tan hondo el dolor, que se le ahogó. Lo cierto es que: Ayyy, y después: casi nada. Se sonrió. Los presentes se retiraron enseguida. ¿A quién le podría interesar presenciar una liberación, una sensación de alas adentro, una caída del infierno pero invertida, un abandono pues de la oscuridad? A nadie. Ah, y ella creía estar lejos de la tierra. Pero no, qué ironía, era sólo un escalón que se rompía con un Aaay. Ya serena, caminó por la calle lluviosa de su país. Su país es ese espacio donde ella camina y se siente bonita y alegre, sin importar donde esté. A veces es una extranjera, una desubicada, en su casa; y, otras, andando por el más remoto confín del continente, se sabe en su país. Su país es una sensación de querer al prójimo por estar compartiendo con ellos el aire, el sol, y las plantas. Es esa camaradería silenciosa que llevan todos y que a todos hace muy felices, puesto que lo que tienen los seres humanos es una continua comunión, tan íntima... Es la misma tierra la que nos sostiene, piensa ella cuando camina por su país. Se da cuenta que los hombres la miran en esos puntos que atraen las miradas de un hombre, pero no le importa. Quisiera decir: más allá de tu morbo y de mi ego, somos hermanos. Pero no dice esas cosas tan raras, sino que da las buenas tardes con inocencia y con ternura y enseguida el otro entiende que son amigos, que todos somos amigos, y que a veces es un poco necio andar deseando todos los cuerpos que caminan. Porque adentro llevan almas y a veces podría intentarse mejor mirarle el alma, en los ojos, al otro.
Pero bueno, otro día cambiaremos el mundo y le enseñaremos a los hombres que no somos muñecas pero claro, también sería bueno que aprendieramos de la vida que ellos, los hombres, no son nuestros niños, nuestros hijos perdidos y un poco tontos...
En estas cosas, en estos pensamientos, muerta de alegría, camina y camina y el sol le golpea el rostro y le acaricia el pelo que anda suelto y eso es raro.. Debe ser porque en el infierno supo tener frío y ahora sólo quiere el solcito, la vida, la tarde, los amigos, y si algún dia el amor existe de verdad, sólo quiere que sea un chorro imparable de alegría.

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intento: actuar, escribir, no madurar demasiado, leer, amar, reír, no morir de hambre mientras todas las anteriores.
Dentro de las calabazas hay múltiples duendecillos!!