martes, 18 de agosto de 2009

Todo era
de algún modo
previsible.
De algún modo se podía haber evitado

que el río arrasara los cimientos del otoño
que se llevara
por delante
(también)

las promesas y los viajes


que se atragantara del bocado de nuestra
desmemoria.


Yo sabía guardar el odio en las carpetas
pero era tan lindo el sol esa tarde
que sali
con todo y mi inocencia
con toda mi desnuda piel caliente, humeante, dejada en el aire,


a los vientos.
Y miré al sol de frente.

Fue una de las veces

en que pude decir: No me arrepiento.

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intento: actuar, escribir, no madurar demasiado, leer, amar, reír, no morir de hambre mientras todas las anteriores.
Dentro de las calabazas hay múltiples duendecillos!!