de algún modo
previsible.
De algún modo se podía haber evitado

que el río arrasara los cimientos del otoño
que se llevara
por delante
(también)
las promesas y los viajes
que se atragantara del bocado de nuestra
desmemoria.
Yo sabía guardar el odio en las carpetas
pero era tan lindo el sol esa tarde
que sali
con todo y mi inocencia
con toda mi desnuda piel caliente, humeante, dejada en el aire,
a los vientos.
Y miré al sol de frente.
Fue una de las veces
en que pude decir: No me arrepiento.

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Asomados a la orilla